Jean Guerrero: Entrevista

Updated: Jan 11

Jean Guerrero a grandes rasgos

  • Autora de Crux, A Cross - Border Memoir, mismo que ganó el PEN/FUSION Emerging Writers prize

  • Investigadora, escritora y narradora de la serie America´s Wall, ganadora de un Emmy

  • “Periodista del año” en el 2019 por la Asociación de Periodistas Profesionales de San Diego

  • “Periodista Latina en Ascenso” por la Asociación Chicano News Media

  • Una de las “Mejores Personas” de San Diego por el San Diego City Beat




Jean, antes de comenzar, me gustaría felicitarte por el rigor y la valentía que muestras continuamente en el proceso de búsqueda de lo que llamas la verdad y nada más que la verdad. Es realmente un honor hablar contigo.


Cuéntanos un poco sobre tu infancia. ¿Cómo fue pasar la mayor parte de tu tiempo con la persona amorosa, enérgica y conocedora que es tu padre?


Mi padre era un narrador encantador y juguetón. Siempre tenía un cigarrillo Marlboro en la boca, un bigote negro y grueso y un pantalón de mezclilla roto, y manchado de tierra. Me contó historias de monstruos marinos, sirenas y espías de la CIA. Era un mecánico experto y un lector voraz, que aprendió inglés introduciendo libros a escondidas al astillero de San Diego, donde construyó barcos petroleros durante una década. Tenía una forma divertida de reír, “Je, je, je”, como una caricatura. Pienso en él como la persona más migrante de todas: cruzando fronteras entre países, locura y cordura, ciencia y espiritualidad.


Nací y crecí en San Diego. Siempre nos llevó mi hermana y a mí a Tijuana y otras partes de Baja California, donde creció antes de emigrar a los Estados Unidos. Viví con dos países y dos culturas. Celebramos fiestas de cumpleaños con piñatas y mariachis, pero comimos McDonald’s y vimos PBS NewsHour. Fue una vida transfronteriza que desafió los llamados del presidente Trump de un muro impenetrable.


¿En qué momento te diste cuenta de que él estaba empezando a cambiar?


Siempre tuve la sensación de que mi padre se escapaba a otro mundo. Cuando tenía tres o cuatro años, se deprimió y se quedó en la cama todo el día. Él comenzó a consumir drogas. Mi madre lo echó de la casa cuando yo tenía seis años. Pero el punto de inflexión más drástico fue cuando destruyó su condominio. Tomó un martillo contra las paredes y arrancó la alfombra del piso, buscando cámaras ocultas o transmisores de radio. Escuchaba voces en su cabeza y pensaba que los espías de la CIA estaban emitiendo voces hacia el interior de su cráneo. Estaba tratando de encontrar la tecnología que podrían haber colocado en su casa––para destruirla. Recuerdo ver el condominio destrozado y sentirme asustada y confundida.


¿Qué te inspiró a convertirte en periodista y cómo ese camino te ayudó a encontrar respuestas sobre ti, tu padre y tu relación con él?


Para mí, el periodismo fue un mecanismo de supervivencia. Instintivamente vi la búsqueda de la verdad como un camino alejado de mi padre, como una forma de encontrar el límite entre él y yo. Él era peligrosamente fascinante incluso cuando se alejó de nuestro concepto compartido de la realidad y desarrolló lo que mi madre me dijo que era “esquizofrenia”. Cuando tenía diez años viajó por el mundo huyendo de lo que creía que eran espías de la CIA que lo perseguían, envolviéndose en papel aluminio porque sentía que lo protegería de sus rayos electromagnéticos. La libertad y la aventura que pensé que su vida representaba era lo opuesto a la mía: los quehaceres, la presión para obtener las mejores calificaciones, el estrés de mi madre. Mi madre era una doctora autodidacta de Puerto Rico. Verla trabajar y sufrir hizo que mi padre fuera magnético para mí. Quería su aparente falta de responsabilidad; Parecía superior a mi rutina. Por supuesto, fue el sexismo internalizado lo que me hizo gravitar hacia él. Pero no era consciente de eso hasta que me perdí persiguiendo a mi padre –– y escribí para encontrar mi camino de regreso a la tierra.


Comenzaste tu carrera en la Ciudad de México en septiembre de 2010, donde tenías la responsabilidad de reportar desde zonas rurales. Los mexicanos mayores de cierta edad recuerdan la presidencia de Felipe Calderón como la más sangrienta de la historia mexicana moderna. Durante ese periodo, miles de familias abandonaron el país hacia Estados Unidos en busca de un lugar más seguro para sus familias. Y tú viajabas hacia el sur en lugar de hacia el norte. Contra la corriente. ¿Qué te dio la fuerza para mudarte a México cuando la guerra contra las drogas estaba en pleno apogeo y las áreas rurales eran especialmente peligrosas?


Lo vi como una forma de conectarme con mi padre. Al igual que él, me sentí atraída por ir más allá de los límites del universo conocido––más allá de los límites de lo familiar. La curiosidad periodística y la locura tienen la misma raíz: una especie de inquietud mental. Pero siempre estaba navegando por una línea entre extremos: mi padre, por un lado, muy anti-establecimiento, y mi madre, que seguía las reglas. Como periodista, perseguí repetidamente las historias más peligrosas: Metiéndome a las plantaciones de adormidera y las rutas de contrabando. No fue hasta que tuve algunas experiencias casi mortales que comencé a darme cuenta de que había seguido a mi padre a un lugar muy oscuro, un lugar donde el hambre de adrenalina destruía cualquier instinto de autoconservación. Me di cuenta de que tenía que separarme de eso.







Más allá de tu trabajo para el Wall Street Journal y Dow Jones en la Ciudad de México, utilizaste tu tiempo en México para continuar buscando respuestas sobre tu padre, su pasado y su país. Fue precisamente durante este período que te enteró de La Adivina, la bisabuela de tu padre. Cuéntanos sobre ella y por qué es tan importante para tratar de entender a tu padre.


La bisabuela de mi padre, Juanita, era una clarividente curandera muy respetada en Tlaltenango de Sánchez Román, Zacatecas, después de la revolución mexicana. Ella ayudó a las personas a encontrar cosas perdidas––ganado, dinero enterrado, etc.––y a comunicarse con los espíritus. Pensé que era interesante que ella y mi padre escucharan voces que nadie más podía oír, pero a ella se le veía como una persona que tenía un don, mientras que a mi padre se le veía como una persona que tenía una enfermedad. Me di cuenta de que al explorar las similitudes entre ella y mi padre, y viajar con él a su ciudad natal, yo podría ayudar a mi padre a encontrar su propio camino y al mismo tiempo ayudarme a mí a distanciarme de él.


¿Siempre supiste que escribirías un libro sobre el impacto de tu padre en tu vida, o hubo un momento específico en el que decidiste escribir Crux?


El instinto vivió dentro de mí desde que era una niña. Cada vez que pasaban cosas malas, me decía a mí misma: “Está bien, es más material para los libros que escribirás”. Pero en la escuela secundaria, se hizo evidente que podía escribir sobre mí. Mi maestra de inglés me dio una copia de The Liar’s Club de la famosa memorialista Estadounidense Mary Karr. Había estado leyendo ensayos que escribí para su clase sobre cómo estaba “condenada” a volverme esquizofrénica. Dijo que no estaba condenada, nadie lo estaba, porque todos tenemos el poder de transformar las cosas malas en cosas buenas. Me dijo que podía escribir un libro sobre mi vida que ayudaría a las personas.


¿Comenzaste a escribir con todas las respuestas en tus manos, o fue el libro, especialmente el proceso de escribirlo, una herramienta que finalmente te ayudó a comprender a tu padre desde múltiples puntos de vista?

El libro fue en gran medida una herramienta para mí. Creía que si entraba con todas las respuestas, no obtendría ninguna lección de la exploración, ni tampoco los lectores. Una de las cosas más bellas de la memoria como género literario es que está destinado a reflejar la vida real, que está llena de áreas grises y dudas. Escribir esta memorias me enseñó a sentirme cómoda viviendo dentro de la incertidumbre.


¿Te resultó difícil separar los hechos de las emociones mientras escribías Crux?


Escribir Crux fue un ejercicio para interrogar mis nociones preconcebidas y seguir todas las líneas de investigación imaginables con respecto a mi padre. Para mí fue una experiencia diferente de los informes regulares. Cuando escribo sobre eventos actuales, debo asegurarme de que mis prejuicios no afecten mi cobertura. Pero con mis memorias, las emociones y los prejuicios eran parte de la verdad. Quería capturarlos, en toda su complejidad colorida, y rastrear sus raíces.


En tu trabajo periodístico, te has centrado en la inmigración y la seguridad fronteriza a lo largo de la frontera México - Estados Unidos, específicamente en familias separadas. ¿Cómo ha influido en tu trabajo tu propia historia y el grado de separación de tu padre que experimentaste?


Comencé a cubrir la decisión de la administración Trump de separar a cientos de niños de sus padres, como una estrategia para disuadir la migración de Centroamérica, en 2017. Aunque mi historia no se parece en nada a la de ellos, creo que mi experiencia de estar separado de mi padre –Hacía años que no sabía dónde estaba, o si estaba vivo –– me ayudó a comprender y describir fielmente el nivel de trauma al que estos niños estaban siendo sometidos a través de esta práctica gubernamental de separación.


¿Dónde estás ahora, como escritora, y qué hay en el horizonte para ti a medida que nos acercamos al 2020?


Estoy trabajando en mi segundo libro, que es mucho menos personal que Crux. Es una biografía de Stephen Miller, el arquitecto de las políticas fronterizas y de inmigración de Trump. Será publicado en la primavera de 2020 con William Morrow, una impresión de HarperCollins.


Tu historia es conmovedora, y la gracia con la que has logrado combinar múltiples perspectivas, múltiples formas de entender a tu padre, simplemente admirable. Esperamos tu segundo libro.


¡Gracias!


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